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Historia del valle

El municipio de Navès ha estado habitado desde hace muchos siglos. Se pueden reseguir trazos desde la época prehistórica, ibérica y, últimamente, se han empezado a estudiar también restos de época romana.

La Vall d’Ora formó parte desde el siglo VIII del condado de Urgell

Este condado se extendía por lo que actualmente es Andorra, parte del Alt Urgell y del Solsonès, un buen sector de la Noguera, el Pallars Jussà, la Segarra y el Bages. A partir de 1150, y a través del enlace matrimonial, pasó a depender primero del vizcondado, después del condado y después del ducado de Cardona, encuadrándose, ya en el siglo XV, en el término de castillos de Castelló.

La administración eclesiástica del valle correspondió igualmente al antiguo obispado de Urgell y el decanato de la Vall de Lord, dentro de la parroquia de Sant Andreu de la Móra, aneja de Santa Eulàlia de la Vall. A partir, pero, del año 1592, pasaron a depender del nuevo obispado de Solsona creado entonces.

El estudio de la Vall d’Ora en época medieval parte de dos documentos referentes al monasterio de Sant Pere de Graudescales, donde se detallan algunos de los lugares del vall y donde ya aparecían mencionados los molinos, sin poder precisar de cuales se trata:

  • La consagración de la iglesia de Sant Pere de Graudescales, hecha por el obispo Nantigís de la Seu d’Urgell.  Firmada el 3 de diciembre del año 913.
  • La fundación del monasterio de Sant Pere de Graudescales, firmada el 6 de noviembre del año 960.

De hecho, había habido hasta ocho molinos, algunos de los cuales, como se acaba de ver, pueden remontarse hasta el siglo X.

El progreso que la aplicación de la energía hidráulica había provocado en la molienda para los payeses se vio interrumpido con la implantación de la señoría de los castillos a mediados del siglo XI. Pronto, los nuevos señores de los castillos hicieron de la molienda de los cereales un monopolio que obligaba a sus vasallos a moler en sus molinos a cambio de entregar una parte de la molienda.

La tenencia y explotación de estos complejos molineros era cedida por los señores en manos de segundos a cambio del pago de una renda anual. Y es por eso mismo que desde la baja edad media constatamos la titularidad de los dos molinos que hoy podemos visitar, a favor de las casas Solà y Pujol, mazos que podemos hacer recular hasta entre los siglos XIII y XIV.

Las casas Solà y Pujol

La tenencia y explotación de estos complejos molineros era cedida por los señores en manos de segundos a cambio del pago de una renda anual. Y es por eso mismo que desde la baja edad media constatamos la titularidad de los dos molinos que hoy podemos visitar, a favor de las casas Solà y Pujol, mazos que podemos hacer recular hasta entre los siglos XIII y XIV. (repetit). Ambas casa harían de la actividad molinera una renda complementaria a las tradicionales tareas agropecuarias de sus respectivas heredades y tierras.

El desdoblamiento de las casas

Durante el siglo XIV ocurrió el desdoblamiento de la heredad Solà con una segunda casa encabezada por un “cabaler”, en un proceso muy característico de esa época, derivado de la necesidad de incluir a los hijos segundogénitos. Esto explica porque al largo del siglo XV aparecen documentados siempre dos patriarcas con el apellido Solà. A partir del año 1502, se documenta la llegada del apellido Miró en esta segunda casa de los Solà, razón por la cual, a partir de entonces, se conocerá como la casa del Miró (actual Riuet).

La fragmentación experimentada por la casa Solà a inicios del siglo XVI, con la división de su heredad entre la casa matriz y la nueva casa de los Miró, se vio reflejada en el molino: encontramos la titularidad compartida de sus muelas por parte de los Solà y de los Miró. De las dos muelas que había en el actual molino de can Guifre (el molino del Solà), una sería de la casa Solà y la otra de la casa Miró.